La tipografía me apasiona desde que comencé a profundizar en el diseño gráfico, colaborando con maestros tipógrafos como Felix Lentino y habiendo sido docente de Tipografía en la cátedra del maestro Luis Goldfarb en la Universidad de Buenos Aires.

Si bien cierto es que el mayor placer visual me lo produce la fruición de familias garaldas, transicionales, romanas modernas y egipcias, cuyas sutilezas comprendí dibujando digitalmente fuentes del maestro Lentino, siempre he creído que estos tipos clásicos deben ser dibujados primero a mano, lo que conlleva una vida entera dedicada al dibujo tipográfico, como ha sido la de Felix.

La proliferación de nuevas fuentes en internet hace creer (sobre todo a muchos diseñadores) lo fácil que resulta hoy, con un mínimo conocimiento de los rudimentos tipográficos y la utilización de software ad-hoc, “lanzar” tipografía al mercado o a Google Fonts (en el mejor de los casos) sin aportar algo nuevo a la materia ni al diseño, ni a la cultura a la que debemos servir.

Por eso, cuando tuve que elegir en qué volcar mi investigación y producción tipográfica, supe sin lugar a dudas que debía profundizar en nuevos códigos visuales. Los que están íntimamente ligados a los soportes en que comenzábamos a ver el mundo, es decir, las superficies digitales.

Comprendí también que existiendo un módulo (el pixel) cuadrado que es el átomo de toda imagen, incluso de la tipografía. En esos años el pixel era aún más perceptible que ahora. Pero aún hoy lo seguimos viendo si enfocamos la vista con ese objeto (y con las gafas bien graduadas).

Entonces fue cuando comencé a estudiar las formas de modulación de los caracteres, en principio sobre el trabajo de grandes maestros como Wim Crouwel (y su New Alphabet), los brillantes Emigre (dupla formada por la checoslovaca Suzanna Licko y el holandés Rudy VanderLans), Erik Spiekermann, entre muchos otros que me han despertado también admiración. En todos los casos descubro que el objetivo (excepto en trabajos más experimentales y “caprichosos” como los del suizo Cornel Windlin o el inglés Neville Brody) era la reconstrucción de la forma convencional de los caracteres, con el fin de cuidar la legibilidad convencional.

Y yo me preguntaba: ¿por qué se esfuerzan en el intento de recrear las curvas de los caracteres en una retícula ortogonal, en lugar de reformular la morfología de los signos en base al potencial de estas grillas, buscando mantener la legibilidad en mínimos aceptables? Considerando, además, que ninguna de esas fuentes estuvo diseñada con el fin de ser utilizara para texto corrido.

Este es el punto de partida en el diseño de la fuente Galena, que hice en 1995: la elipsis, la abstracción de la curva. Las curvas en esta fuente están intuídas en la contraforma.

El otro punto que observé es que no existían fuentes modulares que tuvieran una retícula inferior a los 5 módulos de altura de “x”. Es decir, los caracteres en minúscula y sin ascendente o descendente (a, c, e, m, n, o, r, s, u, v, w, x, z) eran compuestos por un mínimo de 5 módulos (cuadrados) de altura y nunca menos. Todos los tipógrafos (incluso mis maestros) convenían en que con 4 módulos era imposible recrear los trazos horizontales medios de los caracteres. Y esto me motivó como si fuera un desafío.

La razón estriba en llegar a la expresión más pura del concepto modular. Y así, con estas premisas, diseñé esta fuente, que bauticé Galena ®, que he utilizado en varias oportunidades, cuando el proyecto me lo sugería o incluso exigía; como el número 4 de Tela Magazine (cuyo concepto era “la trama”) o el diseño gráfico para la película Teclópolis.

Piedras de Galena

En 1995 yo lo explicaba con estas palabras: «El problema de la tipografía en los soportes digitales reside en la forma en que estos reconstruyen las curvas. Por ello es necesario un nuevo enfoque en el diseño tipográfico, donde el módulo mínimo será el pixel.
Galena ® es un planteo experimental que rescata el concepto de “módulo” al extremo. Se desarrolló sobre una grilla de 4 módulos para la “caja de x” minúscula. Su módulo es cuadrado, pero puede ser también circular y funcionar en distintos soportes. Galena es el antídoto a la curva. A partir de aquí, donde se cuestiona la legibilidad, se afirma el carácter convencional de la forma tipográfica, en fin, de la lectura»
.

Desde entonces, he diseñado una veintena de fuentes modulares. En cada caso con distintos fundamentos y funciones, pero nunca otra vez abordé estas mismas premisas, porque el resultado en Galena ® es óptimo y dispongo de ella cada vez que la necesito.

Mira los títulos de la película TECLÓPOLIS de Javier Mrad, compuestos en Galena ®

Galena ® también ha sido utilizada por terceros en España y Argentina, aunque solo tengo registro del logotipo original de la marca vaho Barcelona (que consiste simplemente en la escritura de la marca con la fuente Galena y la poco feliz transformación de la letra “o”) y en ningún caso conozco el nombre de los diseñadores que me honran con su elección.

Galena ® está disponible para Mac y PC solicitándola por correo electrónico.

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